Si bien es cierto que la pandemia del Covid-19 nos ha dejado unos meses en stand by, nuestros gastos han seguido creciendo, aunque su velocidad haya disminuido y las necesidades y caprichos hayan cambiado. Lo que antes una persona se podía gastar para hacer un viaje de fin de semana con su pareja o con amigos, ahora es posible que esté destinado para mascarillas, geles hidroalcohólicos, o incluso esa misma escapada pero mucho más reservada e íntima que lo planeado antes. ¿Un viaje a Roma? Mejor una casa rural, que así no hay ajenos ni tanto riesgo de contagio.
Esta es la nueva normalidad a la que se está enfrentando la sociedad, intentar seguir con la vida planeada pero desde una perspectiva mucho más desconfiada y mucho más tacaña, por lo que pueda venir.
Esta nueva normalidad nos ha dejado más tiempo para pensar en lo que es necesario y qué no lo es, sobre todo en temas de gastar dinero. La sociedad se ha dado cuenta de lo que es más importante, y esto es posible que afecte de muchas maneras a la economía capitalista. El gastar por gastar se ha convertido en un riesgo que muchas personas no pueden permitirse desde que la pandemia comenzó y, muchas de las personas que sí podrían permitírselo, tienen desconfianza porque esto no haya acabado y sea mejor ahorrar todo lo posible. Es lógico. Lo importante, y lo esencial, es poder subsistir.
No obstante, no hay que olvidarse de los pequeños comercios, y esta es una muy buena solución en caso de necesitar comprar pero no querer acumularse como una lata de sardinas en un centro comercial o en las calles más concurridas de la ciudad. El pequeño comercio es uno de los gremios más afectados tras estos meses de imposibilidad de movimiento en la economía más pequeña. Por tanto, es posible que los pequeños comercios ahora tengan una posibilidad de salvarse debido a que muchas personas los prefieran antes de las grandes industrias o centros comerciales.
Todo esto, nos hace reflexionar y repensar todo lo que ya teníamos estructurado como la economía más necesaria y satisfaciente del mercado, pero, ahora, todo es nuevo; y esto puede ser algo que nos sorprenda como sociedad y como país.
No se sabe lo que sucederá de forma económica en la nueva normalidad, pero una cosa está clara: no será como lo conocíamos hasta ahora.
Esta es la nueva normalidad a la que se está enfrentando la sociedad, intentar seguir con la vida planeada pero desde una perspectiva mucho más desconfiada y mucho más tacaña, por lo que pueda venir.
Esta nueva normalidad nos ha dejado más tiempo para pensar en lo que es necesario y qué no lo es, sobre todo en temas de gastar dinero. La sociedad se ha dado cuenta de lo que es más importante, y esto es posible que afecte de muchas maneras a la economía capitalista. El gastar por gastar se ha convertido en un riesgo que muchas personas no pueden permitirse desde que la pandemia comenzó y, muchas de las personas que sí podrían permitírselo, tienen desconfianza porque esto no haya acabado y sea mejor ahorrar todo lo posible. Es lógico. Lo importante, y lo esencial, es poder subsistir.
No obstante, no hay que olvidarse de los pequeños comercios, y esta es una muy buena solución en caso de necesitar comprar pero no querer acumularse como una lata de sardinas en un centro comercial o en las calles más concurridas de la ciudad. El pequeño comercio es uno de los gremios más afectados tras estos meses de imposibilidad de movimiento en la economía más pequeña. Por tanto, es posible que los pequeños comercios ahora tengan una posibilidad de salvarse debido a que muchas personas los prefieran antes de las grandes industrias o centros comerciales.
Todo esto, nos hace reflexionar y repensar todo lo que ya teníamos estructurado como la economía más necesaria y satisfaciente del mercado, pero, ahora, todo es nuevo; y esto puede ser algo que nos sorprenda como sociedad y como país.
No se sabe lo que sucederá de forma económica en la nueva normalidad, pero una cosa está clara: no será como lo conocíamos hasta ahora.

