viernes, 19 de junio de 2020

Cuando menos nos los esperábamos, nos atacó un virus. Claro que, supongo que nadie en su sano juicio nunca tendrá en mente que podríamos pasar por una pandemia tan surrealista como la que nos ha tocado vivir en 2020. Sin embargo, es solo una prueba más que nos da la vida de 'la realidad supera a la ficción', porque ya le habría gustado a Stephen King prever el coronavirus, como muchas otras enfermedades e infecciones que se inventó en sus ya 61 novelas de terror y ciencia ficción, a veces casi hasta distópica.
Pero no estamos aquí para hablar de la maravillosa mente inventiva de King, sino de cómo la realidad ha arruinado muchas veces todo aquello que ya de por sí, tampoco es que nos hiciera mucha gracia. Podemos pasar de hablar de cómo la realidad ha sido aún peor para la política de Estados Unidos (EEUU) que su ficción más cercana, House of Cards, que a su lado casi se ha quedado como un cuento infantil. Pero, sobre todo, para darnos cuenta de que la realidad siempre supera a la ficción, podemos hablar de la película Contagio. O, mejor, no.
Lo que está claro es que por mucha inventiva que se le eche, y ya se hizo en los años sesenta con El planeta de los simios, es difícil que haya una alternativa peor a la que estamos viviendo hoy día. 


El coronavirus lo ha eclipsado y parado todo. 

Los cambios que hemos sufrido en estos pocos meses, podrán ser perpetuos, o simplemente temporales, pero lo que está claro es que van a tener un efecto en nosotros. Y, si de efectos en nosotros se trata, no podemos dejar de lado la economía. 

La economía es un factor que afecta a todo el mundo. Desde el niño más pequeño hasta el anciano más viejo, todos somos un pequeño eslabón en la economía, más en la capitalista, en la que todo el mundo tiene una labor, muchas veces desconocida e ignorada para las personas. Pero, sí, la economía, nos guste o no, nos afecta, nos condiciona, y eso es algo de lo que uno no puede huir nunca en una sociedad como la nuestra. Mucho menos en plena pandemia global. 
El coronavirus igual no ha venido para quedarse, pero sus repercusiones sí podrán afectar a todo el futuro a corto o largo plazo que estaba programado. 
Esas repercusiones son en muchos campos, por no decir en todos, los que afectan a los seres humanos. Aunque no todos malos, pues es verdad que con este parón del sistema, el planeta ha podido recobrar un poco ese color verde que le representa junto al azul. No obstante, no todo se compone de naturaleza, y no todo puede aceptar de tan buen ánimo una pandemia. Mucho menos factores como la economía, que es aquello que mueve el mundo; el mundo moderno. 
Por eso, con la llegada de este parón imprevisible completamente, la economía ha sufrido, tanto o más que otros factores sociales. La economía ha tenido que parar, muy a su pesar, y ha habido que replantear de nuevo el sistema, un sistema que, igual no muy rentable para la mayoría de las personas, era lo más cercano a la estabilidad que muchos querían reconocer. Ahora, con esta pandemia a nuestros pies, quitándonos todo el aire que podíamos respirar, la economía se ha visto afectada, y eso ha debilitado, no solo el sistema, sino las propias empresas del sistema; y eso, por desgracia, también va a afectar en las personas. Ya está afectando. Muchas pequeñas y medianas empresas (PYMES) necesitarán un apoyo casi completo del Gobierno, mientras otras no podrán revertir el daño causado por un parón completo de dos meses, y, eso, siempre afecta a las personas. Gente sin trabajo, gente sin dinero. Gente sin capital. Y el capitalismo llorando por ese capital inexistente. Esto, supone un paro de la economía, un receso, un agravio, una crisis. Y crisis, por desgracia, es lo que nos ha traído el Covid-19. Crisis humanitarias (quiero decir, aun más, más cerca), crisis morales (todavía más, más violentas), crisis económicas (muchas más, y más duras). ¿Es que acaso no nos suena todo esto? Es posible que, en realidad, el coronavirus tan solo sea la alarma que nos haga ver que, en este mundo, algo va muy mal. Y si la economía va muy mal, entonces todas las personas irán mucho peor. Habrá mayor paro, menos turismo, más gastos, menos ingresos, muchos menos beneficios, mucho más miedo, menos vida social, más apuros para llegar a fin de mes. Algo va muy mal, porque ya antes todo estaba yendo peor. 

Es un círculo cerrado, la pescadilla que se muerde la cola. 



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